Un nene de 4 años asegura ser la reencarnación de Lady Di.

Un nene de 4 años asegura ser la reencarnación de Lady Di

“Mira, soy yo cuando era una princesa”, afirmó el pequeño cuando tenía tan sólo 2 años.

Los extraños comentarios del niño sobre la princesa Diana, sin haber aprendido nada sobre la familia real antes, sorprendió a sus padres.

Billy contó a su familia que tenía un hermano llamado John, quien murió antes que “ella naciera” y en otro comentario mencionó a que tenía dos niños William y Harry.

“Comenzó a referirse a sus dos ‘niños’. Cuando le preguntamos qué muchachos, nuestro hijo de tres años de edad, dijo ‘mis hijos'”, confesó el conductor.

Además, Billy describió con precisión sobre cómo se veía Balmoral, la residencia favorita de la reina, sin haberlo visto él.

Uno de los comentarios más recientes que ha hecho el niño es el que más ha causado impacto, pues según su padre habló sobre la muerte de Lady Di, y cuando le mostraron la foto de la princesa dijo:
Soy yo como princesa. Entonces, un día llegaron las sirenas y ya no era una princesa”, causando escalofríos en sus padres y el mundo entero.

La depresión en adultos mayores puede ser señal de otra enfermedad

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que suele provocar sentimientos constantes de tristeza y otros síntomas, como dormir demasiado o muy poco, falta de energía y poco apetito. Aunque una persona no haya sufrido de depresión antes, es muy posible que la presente al llegar a la ancianidad. Sin embargo, la depresión no es parte normal del envejecimiento y hay que tratar los síntomas que señalan su presencia.

La depresión suele no diagnosticarse ni tratarse en la vejez y algunos ancianos hasta se muestran reacios a buscar ayuda. Cuando la depresión se presenta en ese grupo etario, también puede ser más difícil de diagnosticar debido a que los síntomas tienden a ser diferentes o menos obvios en los ancianos que en las personas más jóvenes. Por ejemplo, es mucho más común que al avanzar en edad, las personas presenten solamente síntomas físicos de depresión, sin sentimientos de tristeza ni mal estado de ánimo.

A medida que una persona envejece, los muchos cambios que ocurren la hacen más proclive a la depresión que durante la época de su juventud. El más común de esos cambios es el dolor crónico derivado de enfermedades, como la osteoartritis. Asimismo, los estragos en la vida diaria de las afecciones crónicas, como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, también pueden tener que ver con el surgimiento de la depresión.

Otro factor que puede contribuir a la presencia de depresión en la vejez es lo difícil que para muchas personas es afrontar las transformaciones en la identidad, las funciones y los grupos sociales a medida que avanzan los años. Por ejemplo, aquella persona que siempre fue productiva, responsable y activa en la familia y la comunidad puede empezar a sentir que ya nadie la necesita ni valora. De igual manera, el fallecimiento de amigos o familiares puede llevar a sentimientos de mucho dolor, a menos oportunidades de interacción social y a una creciente sensación de abandono.

No obstante, antes de atribuir los síntomas solamente a la depresión, es importante que la persona vaya al médico para evaluar si existen otros problemas médicos escondidos que pudieran justificarlos. Algunos de los más comunes son anemia, infecciones de las vías urinarias, problemas de la tiroides, dolor crónico y hasta desnutrición, entre otros. En ciertos casos, algunos medicamentos pueden contribuir a los síntomas de depresión, de manera que también vale la pena revisar los medicamentos que actualmente se le administran.

Si no se le descubre ninguna enfermedad escondida y se le diagnostica depresión, existen varias alternativas de tratamiento eficaces, tales como medicamentos y psicoterapia. Puede ayudarle también llevar una vida sana que incluya hacer ejercicio regularmente, tener buenos hábitos de sueño, participar en reuniones sociales y alimentarse de forma balanceada.

Dra. Janette Leal
Psiquiatría de Mayo Clinic en Rochester, Estados Unidos.

Fuente http://www.laprensa.com.ar/478567-La-depresion-en-adultos-mayores-puede-ser-senal-de-otra-enfermedad.note.aspx

“Guía para fumadores que no quieren dejar de fumar”.

Los motivos para continuar con el vicio parecen sobrar mientras que los comentarios negativos y la presión que suele poner el entorno no ayudan. Sin embargo, hay algunas cuestiones que los fans del tabaco pueden comenzar a replantearse.

Cada vez que pienso en escribir una nota sobre el tabaquismo intento ponerme en los zapatos del fumador. De hecho, yo también lo fui. En tema de adicciones, sé que no sólo importan los datos concretos que se brinden sino también el cómo se ofrecen. Sucede que en la actualidad son ya ampliamente conocidos los múltiples riesgos que conlleva este hábito nocivo. Entonces ¿qué más se puede decir al respecto, que no sea leído por quienes fuman como “bla, bla, bla”? Fue así que, buscando información “novedosa”, me encontré con un material elaborado por la Canadian Cancer Society.

Se trata de una serie de tres cuadernillos para abandonar el tabaco titulados “Un paso a la vez”. Uno de ellos, en particular, me llamó la atención: la “Guía para fumadores que no quieren dejar de fumar”. ¡Exacto! Este es el grupo más difícil de abordar pero eso no significa que no haya nada para decir que les ayude a salir del hasta ahora “disfrutable” vicio.

Como punto de partida, la guía analiza las distintas motivaciones que suelen existir en torno al “placer de fumar” y explica algunas verdades al respecto:

* “Me relaja”. A pesar de que muchos fumadores creen que el fumar los relaja, el cigarrillo tiene el efecto opuesto. Fumar acelera el ritmo cardíaco y la respiración y aumenta la presión arterial. El estado de relajación que muchos piensan que les produce en realidad está vinculado con la dopamina que se libera en el cerebro y que produce una sensación de placer que solo dura unos instantes, o con el hecho de que para fumar se suele interrumpir lo que uno está haciendo que le causa estrés (por ejemplo, el trabajo), o porque a la persona le gusta fumar y por eso cree que la calma.

* “Me saca el apetito”. Si bien la nicotina puede suprimir el apetito y acelerar un poco el metabolismo, el fumar pone una cantidad considerable de estrés sobre los pulmones y el corazón. El estrés sobre el corazón que produce fumarse un atado de cigarrillos por día es equivalente a tener 40 kilos de sobrepeso.

* “Me permite estar concentrado”. A menudo los fumadores dicen que fumar les ayuda a mantener la concentración. Esto es porque la nicotina es un estimulante. Pero, la mala noticia es que el tabaquismo también obstruye arterias, venas, privando al cerebro del oxígeno que necesita para funcionar adecuadamente.

ASÍ EMPEZÓ TODO

La guía de la Canadian Cancer Society también invita al fumador a identificar cuál fue el momento en que arrancó a fumar. “Pensar sobre cómo empezó todo es una excelente manera de comenzar a entender el rol que el cigarrillo tiene en la propia vida. Aquello que motivó que uno se iniciara en el tabaquismo seguramente no sea la razón por la que fuma actualmente”.

El siguiente paso es conocer el grado de adicción que se tiene. Para ello, la guía plantea cuatro afirmaciones a las que se debe responder o no: “En promedio, fumo 15 cigarrillos o más por día”. “Habitualmente fumo dentro de la primera media hora luego de despertarme”. “Me resulta difícil estar más de cuatro horas sin fumar”. “Cuando trato de dejar de fumar o reducir la cantidad que fumo, me siento irritado, mareado, frustrado y tengo problemas para dormir, concentrarme o comer”.

Si la respuesta a todas las afirmaciones fue “no”, la sociedad científica afirma que el grado de adicción es bajo. Si la respuesta fue “sí” a una o dos, explica que el grado de adicción es moderado y que probablemente para dejar de fumar sea necesario recurrir a una consejería profesional, un medicamento o autoayuda, o una combinación de todas. En tanto, quienes responden a tres o más con un “sí” es probable que sean muy adictos a la nicotina y, por ende, necesiten indefectiblemente un asesoramiento profesional, un medicamento o autoayuda.

LA PRESIÓN NO SIRVE

La guía para fumadores que no quieren dejar de fumar también se ocupa de otra realidad que suelen afrontar a diario los “amantes del cigarrillo”: la presión que suelen ponerles familiares, amigos o colegas para inducirlos a dejar el vicio.

“Las personas que intentan que uno deje de fumar lo hacen porque nos quieren. Lo que no saben es que no pueden hacer que uno deje de fumar y que los comentarios negativos o que buscan poner presión, no ayudan”, señala la Canadian Cancer Society. “De hecho, esa presión que pueden poner sobre uno hace alejarnos de las ganas de pensarlo o, incluso, de tomar la decisión de dejarlo por iniciativa propia”, añade.

Como contrapartida, aconseja al fumador que intente explicar cómo le hacen sentir esos comentarios negativos o que buscan persuadirlo, lo cual puede contribuir a que los seres queridos empiecen a actuar distinto.

Por otra parte, la guía aclara que las políticas de espacios libres de humo no están pensadas para “enojar” a los fumadores sino que fueron creadas para proteger a otros del humo y los químicos mortales que están presentes en los cigarrillos.

También menciona el impacto ambiental que tiene el tabaquismo al contribuir con la deforestación, el aumento de los desechos que implican las colillas, el peligro que representan esas colillas para niños y animales que pueden ingerirlas, y la contaminación aérea y del agua que produce.

COMPRENDER EL MECANISMO

“El tabaquismo en la Argentina en estos últimos 10 años ha disminuido en el total de la población. Así lo muestra la 3ª Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, que informó que la tasa de fumadores en el país descendió de un 29,7% a un 25,1%. También se redujo el porcentaje de personas expuestas al humo de tabaco ajeno, tanto en los lugares de trabajo como en los hogares”, afirma el doctor Raúl Guillermo Espinosa, presidente de la Asociación Argentina de Tabacología (ASAT), pero aclara que el descenso en la cantidad de fumadores es menor que el esperado. “En los jóvenes se detectaron aumentos en el consumo de productos diferentes del tabaco, no solo de cigarrillos, y, además, un descenso en las edades de inicio, que ronda los 11 años en las poblaciones vulnerables”, subraya.

El experto considera que el primer paso para dejar de fumar es comprender lo que sucede en el cuerpo del que fuma. La adicción a la nicotina se compone de dos aspectos. Por un lado, la adicción física que comienza cuando la nicotina activa receptores en el cerebro que liberan químicos que hacen que el fumador experimente placer y menos ansiedad. El cerebro se acostumbra a estas sustancias y las necesita durante todo el día para aliviar los síntomas de abstinencia.

Por otro lado, hay una adicción psicológica a los rituales diarios que se asocian al fumar y que involucran personas, lugares, actividades y estados de ánimo. Se los conoce como “factores desencadenantes situacionales” y pueden hacer fracasar el intento de abandono.

“En la dependencia física los mejores elementos disponibles son los fármacos y entre ellos los sustitutos nicotínicos en sus diferentes formas. La dependencia psicológica es más difícil de definir ya que es muy personal y tiene que ver con el lugar que ocupa el cigarrillo para cada persona”, asegura el presidente de la ASAT.

Según el especialista, la terapia de reemplazo de nicotina o nicotina terapéutica se ha establecido como una forma probada y efectiva en el tratamiento para abandonar el hábito de fumar, ya que permite controlar los síntomas del síndrome de abstinencia, actuando directamente sobre los receptores de nicotina del cerebro.

“Es muy importante que el paciente identifique qué representa para él el cigarrillo, con el objetivo de que pueda abandonarlo. Se debe trabajar con el aumento de la motivación para que el paciente decida dejar de fumar eligiendo sus propias razones para hacerlo, reforzando los beneficios que va a obtener si lo logra. Además, es aconsejable que reciba apoyo con técnicas cognitivo-conductuales que lo ayuden a sobrellevar su abstinencia”, puntualiza Espinosa.

En formato de chicles, pastillas o parches, la terapia de reemplazo de nicotina (TRN) es de venta libre y actúa mediante la liberación de niveles más bajos de nicotina terapéutica, sin los 7.000 componentes químicos que contiene el humo del tabaco.

Respecto de cómo vencer esos siete segundos de deseo de prender un cigarrillo cuando se está tratando de dejar de fumar, el médico detalla: “Los métodos a los que se aconseja recurrir en esos momentos son las estrategias sustitutivas, esto es, por ejemplo tomar agua fría, llevar un caramelo, chicle o fruta a la boca y las técnicas de respiración y relajación, mantener las manos ocupadas y de ser posible lavarse los dientes”.

SOLO UNO O DOS

Asimismo, Espinosa subraya que muchos pacientes minimizan su adicción al considerar que el consumo de unos pocos cigarrillos al día no es un problema para su salud. Y, en ese sentido, hace hincapié en que “en estudios realizados sobre el tabaquismo y el riesgo de padecer un infarto, se vio que en las personas que fuman hasta cinco cigarrillos se incrementa más del doble la chance de tener un infarto versus aquel que nunca fumó. En aquellas personas que fuman 40 cigarrillos o más al día aumenta nueve veces la probabilidad de un infarto”.

El experto también remarca que dejar de fumar reduce significativamente el riesgo de padecer enfermedades asociadas al tabaco y mejora la calidad de vida a cualquier edad:

* Dejar a los 30 años reduce la probabilidad de morir prematuramente por enfermedades relacionadas con fumar en más del 90%.

* Dejar a los 50 años disminuye en más del 50% el riesgo de muerte prematura en comparación con que quienes continúan fumando.

* Dejar a los 60 años suma calidad de vida respecto de quienes siguen fumando.

Por último, vale mencionar que -de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS)- los beneficios de abandonar el tabaco no se hacen esperar:

*A los 20 minutos, la presión arterial y la frecuencia cardíaca vuelven a la normalidad.

*A las 12 horas, el monóxido de carbono es eliminado del organismo.

*A las 24 horas, los pulmones empiezan a eliminar moco con restos de sustancias químicas relacionadas al tabaco.

*A las 2 a 12 semanas, el riesgo de ataque cardíaco empieza a reducirse y la función pulmonar empieza a mejorar. Mejora la circulación sanguínea del cuerpo

* Entre un mes y 9 meses después, mejora la tos y la falta de aire.

* Al año, se reduce un 50% el riesgo de infarto.

* A los 5 años, el riesgo de un ataque cardíaco cae a la mitad y el riesgo de accidente cerebrovascular comienza a igualarse con el de un no fumador.

* A los 10 años, el riesgo de cáncer de pulmón cae a la mitad y el riesgo de un ataque cardíaco es igual al de alguien que nunca fumó.

Fuente

http://www.laprensa.com.ar/471231-Una-guia-para-los-fumadores-que-no-quieren-dejar-de-fumar.note.aspx