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El estilo de vida, cada vez más ligado a la salud del cerebro

julio 24, 2015

El estilo de vida, cada vez más ligado a la salud del cerebro

Hábitos. El año pasado, un estudio planteaba su incidencia en la conservación de la memoria. Ahora afirman que un mal sueño influye negativamente.

El mal de Alzheimer tiene todavía mucho de misterio, pero cada vez más investigaciones atribuyen a los estilos de vida una incidencia que alentaría estrategias de prevención enfocadas en hábitos saludables.

Ya el año pasado, la Universidad de California había presentado a nivel mundial una investigación según la cual la mitad de los casos de alzheimer serían prevenibles al evitar siete factores de riesgo: nivel educativo bajo (que limite la actividad intelectual desafiante y estimulante), consumo de tabaco, sedentarismo, depresión, hipertensión, obesidad y diabetes. Era una variante de la tesis que coloca a la edad avanzada como el único factor de riesgo detectable e individualizable.

Ahora, el mismo centro dio a conocer un trabajo según el cual habría evidencias de una asociación entre la proteína beta-amiloide –considerada desencadenante de la enfermedad– y el bloqueo del sueño reparador y profundo.

“En los últimos años, la vinculación entre el sueño, la proteína beta- amiloide, la memoria y el Alzheimer ha ido haciéndose más evidentes”, afirmó el neurocientífico William Jagust, uno de los participantes del estudio.

A su vez, y como en un círculo vicioso, la proteína también podría afectar la calidad del descanso. “Nuestra investigación muestra que esta deposición de la proteína beta-amiloide puede conducir a un círculo vicioso, en el que el sueño se perturbe más y la memoria se deteriore”, añadió Jagust.

Aunque los datos no son concluyentes, la investigación da esperanza, destacan sus autores, ya que significaría que “el sueño podría ser una innovadora terapia para luchar contra la falta de memoria en las personas mayores e incluso contra la demencia”, afirma Walker.

Prevención y terapia

La terapia contra el alzheimer hoy es muy limitada, por lo que hay una nutrida línea de investigación orientada a la prevención. Es un enfoque diferente al del imaginario colectivo, que vincula a este mal como una “catástrofe” más relacionada con la desgracia que con el estado de salud previo de la persona, desde una concepción integral.

De todas formas, los especialistas siguen estableciendo lazos de “incidencia”, no de causa. Pero ese sólo vínculo refuerza la promoción de estilos de vida saludables, en contraposición de la desidia que fomenta el “fatalismo”, es decir, pensar que hay un destino no manejado por la persona a la que “le tocó en suerte” la enfermedad.

Los relevamientos epidemiológicos indican que a nivel mundial hay unas 33,9 millones de personas con la enfermedad de Alzheimer, una cifra que podría triplicarse en los próximos 40 años, en buena medida por la extensión de la expectativa de vida.

¿Se puede prevenir?

No hay que esperar a tener preocupantes lagunas de memoria, ni estar cerca de los 65 años, ni menos aún ser diagnosticado con alguna demencia para empezar a cuidar al cerebro.

 

http://www.lavoz.com.ar/salud/el-estilo-de-vida-cada-vez-mas-ligado-la-salud-del-cerebro

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